COMO HIZO ROCKEFELLER SU PRIMER MILLÓN DE DÓLARES

Horacio Destaillats

 

John Davidson Rockefeller era un muchachito despierto, bastante buscavida, obligado por una situación familiar de privaciones. Solía deambular por Brooklyn tratando de subsistir en un mundo que le era ajeno, duro, como lo era para su familia de inmigrantes.

En sus vueltas por esas calles del New York de fines de siglo XIX solía pararse a charlar con el dueño de una frutería a quien el chico le caía simpático. Un día, esta persona – de quien no ha quedado el nombre – lo vió hambriento y le regaló una manzana.  Era una manzana no en muy buen estado, algo machucada y sucia , descartada de la venta.  John ya se la iba a comer, cuando la vió tan sucia que comenzó a limpiarla frotándola contra la manga de su camisa.  Después le enderezó el cabito, le sacó algunos restos de barro pegados en el hueco de abajo y se la mostró al frutero tapando con la mano la parte que peor lucía.

-Mire, Mr. ....... ( no sabemos el nombre del frutero) quedó bastante bien, la puede poner con las buenas.

Al frutero le pareció bien la acción del muchacho y lo recompensó regalándole dos manzanas de esas descartadas.

John Davidson enseguida vió la posibilidad; se puso a arreglar las manzanas y tras un rato de labor se las entregó al frutero, como había hecho con la primera. Le propuso:

- Le podría arreglar todo ese cajón de manzanas, y usted me daría dos feas por cada una recuperada, como hicimos con las anteriores. Le parece bien? 

Así lo convinieron y John se puso a trabajar.

Dos amiguitos de John pasaban por allí y él los llamó. Les dijo:

- Si ustedes me ayudan con esta tarea, por cada tres manzanas limpiadas yo les voy a dar una para que se la coman o lleven para su casa. O.K.?

A los amigos el trato les pareció adecuado y se pusieron a limpiar manzanas bajo el control de John que inspeccionaba el trabajo.

La empresa ya iba progresando y cuando se hizo noche y la frutería cerró, el astuto John tenía un cajón lleno de manzanas.   Le pidió al frutero que se las guardara para seguir al día siguiente y se fue muy contento para su casa.

Al llegar, abrió la puerta y encontró un papel en el suelo. Era un telegrama dirigido a él, y decía:

Murió Tío Isaac stop Te dejó un millón de dólares stop 

 

 

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