EN TORNO A SANTA TERESA DE JESUS

Maite Mainé


Hablar de Santa Teresa de Jesús es hablar de grandiosidad, de renuncia, de magnanimidad, de entrega total.

Teresa nació en Avila, un Miércoles de Pasión, en el año 1515, hija de don Alonso Alvarez de Cepeda y de doña Beatriz de Ahumada.

Fue muy poco tiempo niña. Su carácter, sus creencias, eran tan maduras, tan reflexivas…

Intentaré resumir, a grandes rasgos, algunas fases de su vida y de su carácter.   Hablar de ella daría para páginas y páginas y nunca terminaríamos.

Cuando Teresa tenía 7 años marchó con su hermano Rodrigo a “tierra de moros”.

Tan sólo con 13 años escribe un libro de caballería, que posteriormente quema. Al poco murió su madre y ella se fue a vivir con unos primos y familiares, siendo internada, a los 16 años, en Santa María de Gracia, para salir de allí al año siguiente, enferma.  Tardó un año antes de confesar a su padre su vocación religiosa.

Como parecía que la idea no era del todo del agrado de su padre, ella aguantó aún algún tiempo, pero cuando tuvo 20 años huyó del domicilio paterno para entrar en el Convento de la Encarnación, donde, posteriormente, vistió el hábito del Carmen, siguiendo con sus rezos y sus escritos, a hurtadillas. Pero, en otoño de 1537 enfermó de cierta gravedad y salió de allí. Fue cuando cayó en sus manos el Libro Tercer Abecedario.

Teresa no comía prácticamente, caía a menudo en estado de postración y ya cuando tenía 24 años, sufrió una recaída, agravándose su enfermedad. Tanto, que pidió confesión y la dieron por muerta durante cuatro días, aunque su padre se negó a que fuese enterrada.

Milagrosamente, pareció volver a la vida y regresó, exhausta, al Convento de la Encarnación en donde permaneció por espacio de tres años.

Poco después, y según sus propias manifestaciones, fue curada de su enfermedad por intercesión de San José.

Cuando murió al poco su padre, al que ella había asistido, la vista del Cristo llagado y la lectura de las Confesiones de San Agustín la ayudaron mucho en su conversión de forma definitiva.

Fue en Mayo de 1556 cuando se produjo el Desposorio Místico de Santa Teresa.

Recibió consejos de San Francisco de Borja y ella tuvo su primera visión intelectual de Cristo. Posteriormente, en casa de doña Guiomar, escribió la primera Cuenta de Conciencia, haciendo voto de obrar siempre de la forma más perfecta. Transverberación.

Poco después, concluyó su Libro de la Vida. También las Constituciones, que aprobaría en 1565 Pío IV.

Todo lo que ella había contribuido para la Reforma, fue aprobado por el Padre General Rubeo, dándole permiso para fundar otros conventos de monjas y permitiéndole también la fundación de dos conventos de frailes.

SANTA TERESA fue escribiendo sin parar”Exclamaciones” “Desafío espiritual”,las “Fundaciones”, también la segunda redacción de “Meditaciones sobre el Cantar de los Cantares”,”Vejamen”… Corría el 1577 cuando empezó a escribir las “MORADAS”, que terminaría bastante después.

La noche de Navidad de ese mismo año, SANTA TERESA se cayó, hiriéndose en el brazo izquierdo. Tuvo necesidad entonces de alguien que la ayudara y eligió a la beata Ana de San Bartolomé. 

En 1582,cuando contaba sólo con 67 años, fallecía SANTA TERESA en Alba de Tormes, a las nueve de la noche.

Posteriormente fue beatificada por Pablo V, y canonizada por Gregorio XV.

Algunos años más tarde, Pablo VI la nombró Patrona de los escritores españoles. 

Después, el mismo Pablo VI la nombró la primera mujer Doctora de la Iglesia.

Su festividad se celebra el 15 de Octubre. (Me honra llevar su nombre, transmitido desde varias generaciones)

Santa TERESA de JESÚS fue, ante todo, una mujer vital pese a su precaria salud. Una mujer que, pese a comer poco, tenía una figura más bien robusta.

Le gustaba andar entre pucheros. De ahí las conocidas “Tostadas de Santa Teresa”… Ella decía siempre que..”entre pucheros también se puede servir a Dios”…

Contagiaba su simpatía y vitalidad a los demás. Divertida, atrayente, y muy comunicativa. Tenía, según Fray Luis de León algo así como una
“elegancia desafeitada”. El mismo escribiría más tarde “ De la vida, muerte,virtudes y milagros de SANTA TERESA de JESÚS.”

SANTA TERESA DE JESÚS reconocía que sus versos no rimaban muchas veces, pero que le salían del alma. Era una iluminada. Su estilo tenía un aire popular, muy familiar. Le gustaba utilizar refranes y diminutivos.

Ella escribió siempre por motivos extraliterarios, aunque sus escritos se convertirían luego en un bien universal para la Literatura.

En vida nunca pudo ver publicado su libro, que pasó por tantas vicisitudes, pero que en realidad era el que ella más valoraba y le llamaba “su alma”.

Ese libro, cuando ella lo finalizó, fue de unas manos a otras hasta llegar a las de la Duquesa de Alba, que se lo pasaría a su hermana Dª María de Toledo. Pero éste llegó a la Princesa de Eboli, y, como decía la Santa, se leía en las “cocinas de los grandes palacios”, siendo motivo de muchas burlas que hicieron sufrir mucho a SANTA TERESA. Fue a través de la Princesa de Eboli que se denunció el Libro a la Inquisición y fue detenido.

Santa TERESA DE JESÚS posiblemente fue considerada por algunos como un poco rebelde, pero resumiendo lo positivo que hubo –y hay- en ella, yo diría que fue viveza, humanidad, pasión, autenticidad, osadía, grandeza de espíritu.

Tuvo sus contradicciones, sus luchas ocultas, sus crisis y su soledad.   Pero fue una mujer tierna, que inspiraba confianza, tenaz.

SANTA TERESA DE JESÚS vivió en un siglo y en un lugar y circunstancias …con problemática religiosa y en un país… que le hizo vivir su condición de mujer de manera un tanto paradójica.

Fue mujer que vivía en un mundo propio rico y complejo al tiempo, con años de persecución y soledad, que amaba el silencio como espacio de encuentro, anhelando siempre algo de quietud…

En su vida hubo una consigna: Vivir dando vida. “Amor saca amor”, solía decir… Vivió la capacidad de multiplicarse en otros seres, de ser guía. Su amor, a borbotones, hizo que su vida permanezca fecunda aun después de su muerte.

Pero TERESA fue, ante todo, conciencia de mujer, que se jugó el tipo por vivir… su vida de mujer.

Vivo sin vivir en mí 
y tan alta vida espero 
que muero porque no muero. 

Vivo ya fuera de mí, 
después que muero de amor, 
porque vivo en el Señor, 
que me quiso para sí; 
cuando el corazón le di 
puso en mí este letrero: 
«Que muero porque no muero». 

Esta divina unión, 
y el amor con que yo vivo, 
hace a mi Dios mi cautivo 
y libre mi corazón; 
y causa en mí tal pasión 
ver a mi Dios prisionero, 
que muero porque no muero. 

¡Ay, qué larga es esta vida! 
¡Qué duros estos destierros, 
esta cárcel y estos hierros 
en que está el alma metida! 
Sólo esperar la salida 
me causa un dolor tan fiero, 
que muero porque no muero. 

Acaba ya de dejarme, 
vida, no me seas molesta; 
porque muriendo, ¿qué resta, 
sino vivir y gozarme? 
No dejes de consolarme, 
muerte, que así te requiero: 
que muero porque no muero.

Schez. de Cepeda Dávila y Ahumada 
Santa Teresa de Jesús

 

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