TIEMPO CAMINADO

Jesús López Merino

Me pasa el tiempo como a tantos y no disfruto de él como debiera. Dejo que corra indefectible y yo me paro y vivo quedo. Y mientras ni disfruto, ni pienso, ni navego. Floto en un mar embravecido sin rumbo, ni ruta, ni sosiego. No sé de mí, ni lo que en mi derredor ocurre. Las olas juguetean con mi vida y yo ni sé que estoy viviendo. El tiempo me pasea y deja un poso triste de pasado. No sé si mi vida es presente, futuro o ya se fue como tantas cosas de mi lado.

¿Acaso soy yo el que pasa, o es el tiempo el que indefectiblemente a mí me deja y sigue su rumbo y su camino? ¿Quizás, yo no sea nada más que algo que precisa de tiempo para hacerse, para ser? Nunca supe deslindar hombre de tiempo, como tampoco me imagino qué es el hombre sin el tiempo o viceversa. ¿Podría el hombre saberse hombre sin transcurrir, sin dejar sus hechos dibujados y trazados en el tiempo? Todo hace suponer que el hombre ni pasa, ni es el tiempo un asidero que te lleve y te transporte. El tiempo es un horizonte que la mente humana va creando para saberse vivo y en continuo movimiento.

No quieras asirte al tiempo para tenerlo contigo y cerca de ti, al contrario, déjate resbalar en él y disfrutarás. Te sentirás ligero y sabrás volar y descubrir que el tiempo es tiempo porque lo vives y lo destrozas viviendo, no porque lo tienes y posees. No te ates al tiempo. Libera tu espíritu y vuela con tu imaginación. ¿Acaso soñar no es desgastar el tiempo? Disfrutar del tiempo es ser poquito a poco, sin grandes estruendos y pompas. No vive más quien más tiempo tiene, sino quien lo gasta y disfruta como si no viviera en y del tiempo. 

La vida humana no se entiende sin pasar y sin camino. Te haces cuando caminas y pones tu tiempo a navegar en el curso de ese río que avanza sin saber si es él el que se mueve o eres tú quien le da la fuerza, en tu esfuerzo por vivir, para avanzar. Pusiste pasos de tiempo en tu camino y tus pisadas no dejaron marca de tu avance. Dejaste el tiempo y el camino y alegraste tu vida con los sueños. ¡Acaso un sueño poderoso no derrota miles de pasos inseguros! ¡Concédete el privilegio de vivir! ¡Sueña! Y observarás cómo tu tiempo gana vida. Derrota esos tiempos muertos como el árbol desgaja de sus ramas esa hojarasca seca que sólo sirve de aposento, en el otoño, a las gotas de agua iniciales del invierno.

Quise ponerle al soñar
una chispita de vida.

Dejé que mi pensamiento
nubes de tul creara.
Le di voz al corazón,
y a mi alma le presté
los enseres temporales:
ojos, oídos, manos...
Sólo le faltó a mi sueño
un poquito para ser:
aquello que por esencia 
lo haría fenecer.

No le di tiempo. 
Pero sí que le arropé
con la luz de las estrellas.
Y allí, 
terrenal e iluminado,
mi sueño tenía vida.
Era real.
¡Qué alegría!

No dejes nunca tus sueños,
pues, aunque atemporales,
nunca dejarán de ser,
si los vives,
muy reales.

Me gusta la noche de estrellas que permite que mis sueños se vistan de luz, color y viveza. No me gustan los sueños oscuros que quedan varados en playas desiertas, sin luz y llenos de tinieblas. Siempre me gustó el sueño repleto de vida e ilusión. El que te impulsa y hace que vibres y sientas la luz de las estrellas. El sueño que marca tus pisadas y las deja inmersas en el tiempo. 

A veces vives y vives y no sabes decir ¡basta!. Dejas tu tiempo en tinieblas. Le ocultas y se te oculta y dejas que las tinieblas borren tu senda clara. Ni tú eres capaz de decirle al tiempo: ¡Aparta tu niebla vana! Deja que viva, que sueñe. Deja, en fin, que haga lo que me plazca. Que el tiempo nunca te oculte tus sentimientos y tus ganas. Tus ganas de ser consciente de tus batallas, de tus sueños y de tus palabras. 

Que el tiempo no te lleve ni te arrastre. Tu vida no puede ser hojarasca barrendera: tiempos pasados vividos que hoy se han convertido en algo seco, podrido. Tendrás que poner conciencia a tu vida, pues el tiempo ni la tiene, ni sabrá ponerle chispa a tu sueño. A ese viento alado que te lleva y te arrebola, te enciende y hace que tus pies se sientan firmes disfrutando y dando forma a la límpida realidad que de tus sueños logras. 

¿Acaso he de vivir del tiempo? No dejes que tus ojos oculten tus sueños al hacerlos libres, al darles la libertad de ser y sentir la realidad. No les obligues a ocultarse. Déjales, como cual nube, atravesar el cielo de tu vida, de tu tiempo. Despréndeles de la atemporalidad con que nacen y abarca con ellos tu vida. Haz de ellos sentimiento, ilusión, razón de ser de tus actos y así el tiempo se sentirá baldío y deseará ser sueño abierto, cielo estrellado. No te dejes encadenar por el tiempo. No ates tu tiempo, déjalo volar y disfrutarás de su libertad. Sé dueño de tu tiempo. Vive en él disfrutando de tus sueños, mas nunca quieras vivir del tiempo. La belleza de las cosas no se ve, ni se toca, ni se transforma en tiempo. Sólo se siente en el corazón y en los sueños.

Pierde tu tiempo. No admitas que perder es estar destrozado y deshecho. ¿Ganas cuando pierdes o pierdes cuando ganas? No pierde el tiempo quien lo posee, sino quien sabe gastarlo. Sólo vive quien sabe desgastarse y gastarse en el tiempo. Gasta y derrocha como si fueras millonario. Tu tiempo no es riqueza. La riqueza está en desgastarlo, en fundirlo, en romperlo en mil añicos. Quien no sabe gastar su tiempo nunca sabrá disfrutar, ni poseer, ni amar. Sólo disfruta quien gasta, sólo posee quien deja fluir la vida y rompe la suya propia en el camino. ¡Aprovecha tu riqueza! ¡Disfrútala! ¡Vívela! Y cuando haya de ser, que perezca.

Te dejo una frase lapidaria a tu consideración (y digo lapidaria porque fue vista escrita en un cementerio):

Yo tuve lo que gasté,
pero tengo lo que di.
Sufro lo que negué,
y lo que guardé,
perdí.

Nunca mates tu tiempo ni hagas que tu vida perezca en él. Únicamente, ¡desgástate! ¡Déjale libre, soñador! Busca en el cielo de tu vida las estrellas, aunque sean fugaces. Síguelas y disfruta de su luz mientras las nubes de la intolerancia, el desamor o la desidia no cubran y oculten su luz. Y cuando esto ocurra, recurre a Eolo para que desate y deje en libertad vientos favorables que borren y alejen de tu faz esa tiniebla que oculta la luz que anima los sueños en tus noches de camino y desgaste.

Mas tampoco tengas todo el tiempo del mundo. Procura ser antes que poseer. ¿De qué te sirve tener tiempo? Acaso, ¿abarcará tu vida y tus sentimientos? El tiempo no sabe de ilusiones. ¡Vive el momento, el instante! Eso te hará ser. El tiempo no contabiliza. Es insensible. No espera. ¿Quién te dijo que el ayer hoy se mantiene despierto? Y por la misma razón, ¿piensas que el futuro nacerá mañana? No acumules tu tiempo, nunca sabrás de él. Sólo disfrutarás del tiempo si lo haces ser, si lo conviertes en vida. ¿Qué busca el tiempo si no es vida? Y la vida sólo se logra temporalizando los sueños, los sentimientos y todo lo que del corazón brota. Nunca trates de ocultar tus sentimientos en el tiempo, más bien haz tiempo tus sentimientos.

Saborea la tortura del tiempo. No pienses en lo finito ni en el tiempo que te queda. ¡Existe! No te dejes vivir y llevar en la corriente, pues ya sabes que existir es diferente. Sólo existe quien cabalga la locura de lo imposible, de lo que a los ojos humanos no se descubre ni se ve. Encuentra y busca la mirada limpia que te abra a lo imposible, a lo soñado, al puro existir. Explora tu interior y navega. Doblega al tiempo y hazle tu sendero. Ese sendero de olas y estrellas en la noche iluminada.

"Pienso, luego existo". ¿Acaso existir es solamente pensar? ¡Qué pena que te detengas! El pensamiento, como el sueño, sólo nos sirve de arranque. Es el motor impulsor, el lanzador hacia el camino. Luego, eres tú quien anda. Si tú no echas el pie nadie recorrerá tu camino. ¡Sólo tú puedes avanzar! Y avanzar es vivir, es golpearse en el tiempo. Es sangrar sueños alados. Gestar, no hazañas ni guerras, sino pasos enlazados, silenciosos que recorren la frontera de tu tiempo y te hacen, acaso, ser un pensamiento o sueño humano, real. Un pedacito de tiempo que sangra y se desvive por ser un fruto real, o esa flor que camina y a la par que se transforma da olor y fragancia a quien comparte su vida en el camino del siendo.

No dejes de caminar, pero piensa que caminas. De nada sirve andar sin rumbo y sin frontera. ¿De qué te sirve tu tiempo si le dejas al albur de tormentas, ríos y vientos? ¿Acaso, con pasar sin rumbo dejas tus sueños abiertos? Tal vez, ni vivir sepas si te dejas llevar sin sentir tu huella, sin granar tu sueño, ni alborotar tu tiempo con pasos marcados por los molinos de tu pensamiento. 

¡Descubre y date tu tiempo! ¡Vívele soñado, pensado, golpeado...... y sobre todo caminado!

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