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El aviso decía que había nacido un hipopótamo en el zoológico.
Las promociones incluían un simpático concurso para ponerle
nombre al
hipopotamito.
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Laura insistió bastante para ir a verlo. Por fin convenció al papá. Fueron juntos una tarde de sol. El zoológico estaba lleno de gente. Ya en la entrada tuvieron que esquivar vendedores de maní y pochoclo, de globos y hasta fotógrafos que ofrecían unos ponys arreglados para la ocasión.
| Laurita, curiosamente, no estaba interesada por tanto alboroto. No pidió globos, ni golosinas. Sólo quería ver al hipopotamito. Y más ganas le dieron cuando vio que en el ticket de la entrada venía impreso el dibujo de la mamá con su hijito. |

Dibujo: Carolina Pérez |
Pasaron de largo la jaula de los monos y de los leones. El papá había comprado galletitas que tuvo que guardarse en el bolsillo. Intentó darle de comer a los patos pero esto los demoraba y la nena quería llegar hasta el hipopótamo.
Por fin estuvieron frente a la jaula-pileta. La gente se apoyaba tratando de ver al recién
nacido.

Dibujo: Carolina Pérez |
El papá subió a Laurita en sus hombros y le pidió que
le contara lo que veía. Luego de un rato de silencio,
la nena pidió que la bajara.
- Mirá, papá - dijo en su lengua graciosa de jardín
de infantes - Yo no vi ningún bebé.
- ...
- El único hipopótamo chiquito es uno que anda por
ahí, caminando lo más campante. Y te digo algo más
- dijo, bajando la voz - es más grande que yo. |
