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El conejo y la paloma
Diego
Remussi
Dibujo: Carolina Pérez |
Me
decían “conejo”. Por mis dientes. Creo que a los otros chicos no les
molestaban sus apodos. Santoni a veces protestaba. Le decían “gordo”,
que no era tanto o “pan dulce” que era peor.
A
mí me decían “conejo” y mucho no me gustaba. Como si yo anduviera
por ahí burlándome de los ojos del “chino” o de la panza del “gordo”.
Me
sentía un poco mal por las cargadas, hasta que ella llegó al curso. Era
una compañera nueva, de nombre gracioso: Paloma. Era toda blanca y tenía
una vincha que le sujetaba el pelo. Y parecía feliz, riéndose con toda
la cara.
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Pero
también empezó a distanciarse de las chicas del grado. Y todas esas
sonrisas se hicieron pena cuando dijo cómo se llamaba:
-
Paloma, si hasta parece un pajarito.
-
Andá a tu nido, Paloma.
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Dibujo: Carolina Pérez |
Yo
la vi en un recreo sentada a un costadito. Pensé que le costaría integrarse a
un colegio nuevo, pero también me di cuenta de que le molestaban las cargadas.
Dibujo: Carolina
Pérez |
Quería
contarle que a mí me pasaba lo mismo, pero no sabía cómo hablarle. Junté
valor y pensé en otra manera de presentarme:
-
Hola, me dicen Bugs Bunny. Por mis dientes.
Ella
se rio y me dijo que lo hubiera adivinado. Su nombre, Paloma, yo ya lo sabía.
No hacía falta que me lo dijera, porque fue como si desplegara las alas y
me regalara su blanca sonrisa. |

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