EL MOTOCICLISTA

Tere Casas

 

Miguelito estaba dispuesto a jugárselas todas en este día.  Representaba a una de las mejores marcas de motos en el mercado internacional, y además vestía un traje apropiado para tal carrera.  Le habían dado el número 25 para lucirlo. Era su gran oportunidad como corredor de motos.

Se presentaron todos los participantes en la pista de salida.  El ruido era ensordecedor.  Todos querían ganar y todos hacían gala de la potencia de sus motores, para amedrentar a sus rivales. 

Se lanzó la partida y salieron todos como bólidos.


Dibujo y animación: Francisco A. Villarreal

Miguelito algo rezagado, iba adelantando a sus competidores, poco a poco.  Pero seguro.  En las curvas derrapaba la moto y casi tocaba su rodilla la pista.  Ruuuuuuuummmmmmm… aceleraba… torcía, enderezaba su moto, ruuuuuuummmmm con más potencia.  Iba ganando terreno y pasándolos a todos. 

Después de aquella curva si aceleraba aún un poquitin más, podría estar en el primer lugar.  Así que ruuuum, ruuuuummm........ ruuuuuummmmm, y la moto le respondió. 

Pasando a ser el primero de aquella competición.  Solo faltaban dos vueltas.  Oía el rugir de las motos que le venían acechando. Ruuuuummmmmm, rummmmmm. 

Veía a la lo lejos la pancarta de META y el banderín de cuadros blancos y negros ondeando en el aire.  Podía escuchar el clamor de la muchedumbre.  Ésta toda emocionada daba vítores de alegría,  por verle ser el primero.

Cuando de repente, sintió una mano firme en su hombro, y una voz femenina, muy conocida, que le decía:

–Miguelito,  Miguelito… despierta y termina los deberes!.