En un jardín muy grande y bonito, vivían, bien escondidos de día y pasándoselo
en grande por las noches, una familia de erizos muy majos.
Habían establecido allí su hogar después de haber pasado grandes calamidades en
otros sitios; poco antes, en un jardín que también era muy bonito, estuvieron a
punto de ser comidos por un gato, que les persiguió hasta acorralarles y menos
mal que se pudieron proteger haciéndose una bola de espinas, gracias a lo cual
salvaron el pellejo.
Anteriormente, cuando vivían cerca de una carretera, estuvieron a punto de ser
atropellados por un coche que pasaba a gran velocidad junto a su madriguera;
otra vez, casi les pisa un caballo que estaba retozando en la pradera donde
entonces vivían.
Dibujo y animación Francisco A
Villarreal
De esta forma, cuando encontraron el jardín donde habitan actualmente y en el
que, el único peligro era un perrito que en seguida se hizo su amigo y jugaba a
la pelota con ellos cuando se convertían en bola, decidieron quedarse allí para
toda su vida.
Además, allí tenían buena comida, como gusanos, lombrices, insectos, huevecillos
que algunas veces se les perdían a los pajaritos y otras cositas muy apetecibles
para un erizo.
Se instalaron en una buena madriguera y decidieron tener hijitos para completar
su felicidad.
No pensaban ellos el disgusto tan grande que iban a tener, ya que cuando
nacieron sus siete ericitos, se encontraron con que a uno de ellos no le crecían
las espinas como a todos los demás hermanos.
El papá erizo se mosqueó mucho con el tema, ya que le habían contado que por
allí cerca vivía una familia de gimnuros, que son como los erizos, pero solo
tienen pelo y sin espinas.
La mamá erizo le juró que no tenía nada que ver con los gimnuros y que si había
ocurrido este problema, solo podía deberse a una mutación genética, en la que
ella no había tenido culpa alguna.
Aplacados ya los ánimos, ya sólo pensaron en dar una solución al problema, pues
era un problema y grave.
No solo es lo feo y horrible que resulta un erizo sin espinas, sobre todo a los
ojos de su familia, sino el peligro que supone el carecer de esas defensas a la
hora de afrontar un peligro, como un gato o una musaraña, que son enemigos
declarados de los erizos.
Pensaron en muchas soluciones, como prepararle un traje con ramitas de zarzamora;
también pensaron en robar aguijones a un montón de avispas y colocárselas al
pequeño erizo, pero resultó una tarea muy peliaguda, ya que las avispas no
colaboraron en nada y tampoco se dejaron robar el aguijón.
Como no encontraron ninguna solución aceptable, tuvieron que adaptar su vida a
este problema y optaron por mantener al pequeño erizo siempre rodeado por sus
hermanos y cuando había algún peligro, en seguida le rodeaban haciendo una bola
grande de espinas con el hermanito pelón en el centro.
De esta forma y gracias al cariño de su familia, el erizo pelón pudo vivir una
vida tranquila y agradable.
Y es que no hay nada mejor que tener una buena familia para ser feliz.