AHORA VETE

Graciela Vera



Te abrí la puerta porque estabas aguardando, pero no te di la bienvenida ni te invité a quedarte; por eso, cuando terminemos esta conversación, sin siquiera intentar oficiar de buena anfitriona, sin contemplación alguna, te sacaré de mi casa y te señalaré el camino de regreso a tus sombras. 

No eres extraña. Soy consciente de que me has seguido durante todos los años de mi vida. Antes lo hacías respetuosamente, dejando un espacio que a ambas nos permitía ignorarnos pero, con el paso de los años te hiciste más atrevida y fuiste acortando la distancia.

No obstante lo disimulado de tu presencia, hubo ocasiones en que te creíste autorizada a apurar el paso; no te permití que me alcanzaras entonces, como no lo hago ahora. Siempre te he detenido, segura de que aún no es tiempo de encontrarnos. 

Acostumbras jugar con lo inesperado, procurando que se haga tu cómplice para acelerar lo previsible y, reconozco que algunas veces, más de las que me gustaría contabilizar a tu favor, la treta te da resultado y lo cosigues. Entonces te sientes victoriosa, porque tú eres un caníbal insaciable que se alimenta de imprudencias y se satisface con la desesperanza.

En lo que a mi respeta te has equivocado. Puedes ir perdiendo esa desdentada mueca que pretendes hacer pasar por sonrisa y disponerte a una larga espera. No estoy dispuesta a aceptar tus imposiciones.

Hasta que el tiempo se haya agotado en la última partícula del último segundo, no quiero que estés oteando como ave de carroña; te prevengo que ni aún entonces quiero verte llegar envuelta en fúnebres vestiduras, porque ese día no habrá aflicción y caminaré tranquila, con la cabeza alta.

A mi no me acompañarás a ningún sitio de penumbras. Ven entonces, cuando lo hagas, envuelta en la luz y la luz te abrirá las puertas de mi casa.

Ven como ángel blanco y no como negra aparición y te recibiré sonriendo. Quizás, hasta te invite a pasar y mientras pinto el último rubor en mis mejillas y visto mis mejores galas te dé a beber el néctar que aún reste de mi vida, para que saborees por una vez la felicidad como yo lo he hecho y desde tu descarnada humanidad envidies el placer de los mortales. 

Mientras tanto yo guardaré en una maleta enorme, mi existencia ya plena y sin tareas pendientes, miraré mi pasado vivido con plenitud y te diré: ¡vamos, apuremos el paso que quiero llegar!

¿Has comprendido bien lo que te he explicado?

¡Pues ahora vete!

Almería 9 junio 2003

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