EL ELEFANTE DE NACAR

RAMAMAR

                                                                 A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

Un día de agosto de 2001 me enteré de una historia preciosa, relativa a un elefante de nácar que hizo un fantástico viaje por el mundo.

Resulta que en un país muy lejano llamado Birmania, que está situado en el sudeste de Asia, había un viejecito que era un artesano muy hábil que, trabajando con unos sencillos buriles y navajitas, hacía unas preciosas figuras de madera.

Lo mismo hacía figuras de tigres en posición de caza, que figuras de serpientes cobra con las fauces abiertas y enseñando unos colmillos que daban miedo, pues parecían de verdad.

También hacía elefantes de madera, cabañas en miniatura totalmente iguales a las de verdad (pero en pequeño); otras veces esculpía perritos de madera, pero tan parecidos a los de verdad, que solo les faltaba ladrar.

Este anciano artista vivía muy al norte de Birmania, en un valle cercano a las montañas donde nace el río Irawaddy y nunca había salido de este valle, así es que siempre escuchaba muy atento las historias que le contaban los que habían tenido la suerte de viajar.

Sobre todo lo que mas le gustaba escuchar, eran las historias de un sobrino suyo que había viajado muy lejos, incluso por el mar de Ardamán hasta las lejanas tierras de Sumatra y Borneo.

Este sobrino, al regreso de uno de sus viajes por el mar, le trajo unas conchas enormes de una especie de ostras gigantes que se encuentran por esos mares y que en su interior son de nácar; una especie de recubrimiento muy duro, blanco y precioso con los reflejos de colores del arco iris.

El anciano quedó encantado y al momento pensó en trabajar estas conchas de nácar para hacer con ellas algún trabajo artístico.

Con mucha paciencia y habilidad, fue labrando unas figuritas de nácar preciosas. A unas les dio forma de dragón, otras las convirtió en pequeños elefantes, a otras les dio forma de águila y a algunas las hizo parecerse a palmeras y también a otros árboles del bosque cercano.

Así se hizo con una bonita colección de figuras de nácar que guardaba con mucho cariño.

Cuando ya llegó a ser tan viejecito que esperaba morirse pronto, pensó que era una lástima que en toda su vida no había viajado por el mundo y ya que él no lo había podido hacer, por lo menos conseguiría que sus figuras de nácar viajaran.

Tal como lo pensó, abrió un coco grande por la mitad y después de vaciarlo bien, introdujo dentro las figuritas de nácar y volvió a cerrar el coco con mucho cuidado y atándolo bien con cuerdas.

A continuación echó el coco al río Irawaddy y contempló con alegría como las aguas se lo iban llevando río abajo. Ya no supo nunca jamás que había sido de su coco y de sus figuritas de nácar, pero yo sí que me sé el final de esta historia.

Resulta que el coco llegó aguas abajo hasta el mar y navegando a merced de las olas, con el paso del tiempo fue a parar a las costas del mar Mediterráneo.

Allí lo encontró una señora que tenía mucha necesidad de dinero y en seguida pensó en vender las figuras en el rastrillo de La Nucía. Allí las fue vendiendo una a una y yo tuve la suerte de poder comprarla uno de los dragones y también un elefante precioso.

Me hubiera gustado que el anciano artista se pudiese enterar del destino de los trabajos que había elaborado con tanto cariño.


 La Vila, septiembre de 2001

 

 

Logo3.jpg (1650 bytes)
Artesanos - Escritores - Escultores - Fotógrafos - Pintores -  Misceláneas - Parvulario - Graffiti
Villa Sabina - Gacetilla - Libro de Visitas - Concursos y Eventos - Enlaces - Contáctenos
Ediciones Anteriores 
Artesanos - Escritores - Escultores - Fotógrafos - Pintores - Misceláneas - Parvulario
Copyright © 2000/2007  cayomecenas.com  - Todos los derechos reservados.