LA HORMIGUITA PEREZOSA

Luciano Rozo

 

En un profundo y acogedor hormiguero habitaba una hormiguita.   Era igual a todas aunque con una fea diferencia: era absolutamente perezosa.   Cuando toda la comunidad salía al campo para cortar hojitas y llevarlas al hormiguero, ella se echaba patas arriba, de lo mas pancha, a acicalarse las antenas, viendo como las demás trabajaban duramente.  Si todas trabajan y llevan tanta comida   ¿qué importancia tiene el poquito que yo pueda llevar ?.    Así pensaba la muy sinvergüenza. Cierta mañana muy cerca del hormiguero pastoreaba su rebaño de chivos, un pequeño pastorcito.   Accidentalmente dejó caer un pedazo de sabroso papelón. Horas después, cuando el pastorcito ya había marchado a encorralar su rebaño, comenzaron a salir de su laberinto de túneles, las laboriosas hormiguitas.  Como siempre, la última en salir, adormilada y bostezando, con las antenas perezosamente agachadas, era "Bostezos’" que así habían bautizado en el hormiguero a la sinvergüencita de este cuento.  La hormiga que comandaba el batallón de come hojas dio de repente un ¡ alto !.   


Ilustración: Carolina Pérez
Animación: Francisco Villarreal

Se había percatado repentinamente de la presencia deliciosa de un gigantesco pedazo de papelón.   Hoy no llevaremos hojas, ordenó.   Es un exquisito postre lo que trasladaremos a nuestra despensa.    La que mas acarree papelón al hormiguero, tendrá una ración especial para ella solita.    Inmediatamente comenzó una frenética actividad.     Poco a poco el pedazo de papelón se fue encogiendo como por arte de magia.   Mientras tanto, sentada cómodamente en una roca, con ojos semicerrados,  antenitas dobladas perezosamente, nuestra sinvergüencita hormiga veía aquella tremenda actividad, sin inmutarse.   El único ejercicio que realizaba era el de sus mandíbulas, que se abrían y cerraban, se abrían y cerraban, de bostezo en bostezo…    Estaba por terminarse el papelón.    La hormiga comandante se acercó a "Bostezos" y le dijo: veamos hasta donde llega tu pereza.    Ahí te dejamos un enorme trozo.   Es todo tuyo…   Llévalo dentro y será para ti.     Si no lo haces… bueno, sería el colmo de la pereza.   "Bostezos" se acercó al trozo.   Lo tocó. 

Lo empujó.   Tanteó su peso…  Si… claro que lo llevaré… pero antes… aaaahhh… un sueñecito no estaría mal… mmmmmmm… seguro que… lo llevaré… ssseguro… zzeu… zzzzzzzzz… Utilizando el papelón a manera de almohada, se echó patas arriba que era su posición favorita.    En breves segundos roncaba estrepitosamente.    Así estuvo por largo rato, en tanto el cielo amenazaba tormenta.   Tan profundo fue su perezoso sueño que no sintió el aguacero cayendo sobre ella.   Al despertar, su almohada de papelón había desaparecido.   El agua lo desvaneció por completo…   Ahora, lo único que le quedaba era un frío tremendo que la hacía tiritar.   Cuando entró al hormiguero, toda la comunidad estaba dándose un sabroso y dulce banquete.    Nadie le dio ni una pizca.    Ella tampoco pidió.    Acababa de comprender el viejo refrán que empezaba así" el que trabaja no come paja…"   Desde ese día abandonó el feo vicio de la pereza, incorporándose al trabajo del hormiguero.    Aún la llaman "Bostezos", pero solo por cariño…

 

 

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