LAURA

Araceli López Gallardo

 

Con una sonrisa le tendió la mano. Sostenía su falda negra y acampanada mientras bajaba ; sus zapatos con hebillas relucían brillantes. Era tan liviana que parecía no tocar el piso, sino hubiera sido por esa mano blanca y suave apoyada en la suya, podría haber pensado que ella era fruto de su imaginación.

Su sonrisa le atrapaba, su mirada chispeante era como un pequeño universo en donde decidió sumergirse olvidándose de todo lo que había a su alrededor. Escuchó su voz pausada mientras ella comenzaba su relato.

_ Recuerdo un lugar muy parecido a este - comentó - Éramos felices hasta que él enfermó. Fueron años junto a su lecho, lo más doloroso ocurrió cuando me di cuenta de que ya no me reconocía, de todas formas me sentaba junto a él y le hablaba, tenía la esperanza remota de que todo cambiara.

Ese 13 de Junio, después de la Misa de los panes de San Antonio de Padua, volví presurosa con un panecillo en las manos, estaba tan apurada que se me enganchó el vestido en la reja de la iglesia, llegué a casa corté el pedacito de la falda, me miré en el espejo y vi que no se notaba, me quedé tranquila no pensaba que él no se daría cuenta de nada por su estado, por eso mismo limpié prolijamente mis zapatos del barro del camino, les saqué todo el brillo que pude, me arreglé el cabello mojado por la lluvia pertinaz y silenciosa. Traté de estar radiante para él. Me acerqué despacio y le dije :
_ Amor, traje algo para ti.

Vi una lucecita en sus ojos, me había reconocido. Estuve segura cuando me pidió que me sentara a su lado.  Quiso abrazarme, me recosté sobre su pecho, sentí un calor inmenso que me envolvía, tuve frío y sueño, mucho sueño, no quise moverme, no podía echar a perder ese momento. Inmediatamente vi la sangre encima de él. Me asusté mucho. Lloré en silencio cuando se lo llevaban, a él parecía no importarle, sonreía a sus captores. Indiferente.  Lo internaron, seguí a su lado durante años, no extrañe nada del pasado, solo quedó grabado en mi memoria el momento en que miré si se notaba mi vestido roto, fue la última vez que me miré con atención, ahora ya no se como es mi apariencia.

Perdón, no quería ser tan extensa, ni siquiera le dije mi nombre, me llamo Laura, le ruego sepa disculparme. Sucede que, desde que él murió no tengo con quien hablar y hoy pasé por aquí, Ud. Me ayudó a bajar, y además este lugar... tiene algo que me recuerda al lugar donde vivíamos.

05/10/2003

 

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