ICONOS Y NATURALEZAS VIAJERAS DE 
LILESKA DÍAZ

Willy Aranguren
  (*)

Lileska Díaz (Barquisimeto, 1972) ha regresado, por segunda vez, de Alemania de Italia, a nuestro país. Siento en ella, dentro de su proceso de las Artes Visuales, seriedad y frescura, una maduración paulatina, sin rompimiento, aunque toma elementos o situaciones que, allende, le han servido para emitir sus mensajes plásticos, movidos entre lo abstracto y lo figurativo, entre lo simbólico y lo concreto. Y ello sucede en Lileska Díaz además por cuanto su investigación va desde dentro hacia fuera y viceversa.

En esta oportunidad, Díaz nos presenta en la Galería "Visión Artística", una serie de telas, compuestas por tres series: "El Diario de Sicilia", "Clase de cocina" y ¿"Zoo-lógico?". En ellas predomina un alto interés por el icono, por la ausencia o presencia de la naturaleza, por la vitalidad del universo, en tanto que su conformación denota ser, a todas luces, latinoamericana y caribeña.

Lileska se ha impresionado, esta vez (y la otra también), según nos cuenta, con la idiosincrasia y por los colores de Italia que los asocia con el verde y el rojo. Ella se identifica y admira estas formas de ser que, dentro de su arte, se hacen contemporáneas, vigentes, más allá de los que esos colores u otros pueden representar para la plástica, en la llamada "transvanguardia" o en el postmodernismo. Lileska va más allá de esos mensajes y. si bien es cierto, hay un mensaje o muchos mensajes de la ciudad de Sicilia, cuando nos habla por ejemplo de su volcán "Etna", existe además un estado de ánimo que ella hace exponer en su pintura, una espiritualidad e incluso acercamientos a la pintura dolida de Vincent Van Gogh a quien la artista ha admirado en su museo en Ámsterdam.


Santuario de la Virgen, Lileska Diaz
Luego en otras telas, Lileska se circunscribe a lo doméstico, a los elementos de la cocina, como placer visual a partir de elementos que la representan, observados desde diversos ángulos o desde una perspectiva aérea, como visiones alegres, festivas, ceremoniosas y parsimoniosas, dispuesta a la grata y dulce ceremonia del comer. Aquí van a predominar los colores claros, limpios, lo que no sucede con el cromatismo de las telas de la primera serie, que son más bien grisáceos, oscuros, nocturnos, aunque siempre dentro de ese interés por el objeto figurativo o por el más tajante abstraccionismo.

Intuimos además en Lileska Díaz un cierto acercamiento a la religiosidad, a lo religioso, dentro de algunas telas donde están presentes, siempre a manera de iconos, una iglesia, una campana, un ángel, de lo que también se desprende la idea de un pueblo, en este caso de Italia, eminentemente religioso. Todo ello dentro de la búsqueda y encuentro de la más elemental síntesis, incluso, dentro de la tercera serie presentada, referida a los animales, serie que no deja de poseer un carácter ecológico, emotivo; un mensaje desde el trópico, para la humanidad, desde lo que puede representar un zoológico, como cárcel de animales.

Habría que llamar la atención que desde ese mensaje ecológico Díaz plantea la recuperación de ciertos elementos, como las bolsas de mercado, imperecederas, de Italia, hechas a fuerza de ingenio, al no tener por ejemplo el petróleo, para la realización de objetos de la sociedad de consumo. 

De esta manera las ideas de lo ecológico, la recuperación de la síntesis, la irreverencia del color, el icono animal y religioso (y también el humano) camina por el mismo sendero en Díaz, dentro de procesos de observación, de estudio, de introspección y extrospección, dentro de vivencias donde se percibe lo religioso, humano y humanista del pueblo de Italia, de gran hospitalidad para con ella, al punto de que una vez, para el vernisage de su exposición, le buscaron a un discípulo de nuestro Alirio Díaz, para que tocase su guitarra. Y por esta vía también Lileska ha dado, a nivel de la plástica, por cuanto le interesa los instrumentos musicales, la música autóctona de aquellos lugares, consideraba bella por la artista.

De forma que la pintura de Lileska Díaz es viajera, trashumante y se mueve al ritmo de los colores del viejo y del nuevo Continente, pero más importante aún es que se mueve al ritmo del espíritu de la pintora, con la idea de lo cósmico, de lo terrenal, de lo latinoamericano y universal. En este sentido el Ateneo Ciudad de Barquisimeto y la Galería "Visión Artística" (CANTV) se sienten orgullosos y complacidos en tener, en esta oportunidad, estos trabajos, que son puentes culturales entre estos tres grandes pueblos: Italia, Alemania y Venezuela.

*Director de Artes Plásticas 


 

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