CONFESIONES DE UN PÁJARO


Sergio Minore


El nido donde nació este pájaro
era humilde pero cómodo,
no más que cuatro paredes 
impregnadas por el perfume
del pan recién cocido,
justo a la hora
en que el sol
destiñe de rojizo
las nubes de esta ciudad.
Y era el cantar de mi madre
la sinfonía con que empezaba el día,
su trino erizaba las plumas
de nuestros pequeños pechos.
Con frecuencia recuerdo
que sus alas buenas
nunca volaban muy lejos,
siempre pendiente
de nuestros picos elevados al cielo.
El nido donde nació este pájaro
no tenía grandes lujos,
no más que cuatro paredes
y el calor de mi madre
llenando el ambiente
con su canto de amor.
Un lugar demasiado pequeño,
para que cuando las alas
- voluminosas y arrogantes -
nos crecieron,
nos marchásemos desafiantes
a buscar otros aires.
Lo necesariamente pequeño,
para que aún hoy
- tantos años después -
no dejemos de evocar el tiempo
en que sin poder siquiera aletear
habíamos vivido
en el verdadero cielo.

       

 

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