SIN TITULO I ©
Poema del libro LA EPOPEYA DE LOS ÁRBOLES

Danith Urango


Cuando infanta aún
Me era familiar la balsa
La creía parte de mi descendencia,
De mi genealógico árbol familiar.

La veía libre por los caminos
Llevando el apellido de mis antepasados,
La balsa era escueta,
Transparente, luminosa, fuerte, frágil,
Soportadora de tempestades,
Acaparadora de rayos.

Cuando mis años corrieron
Empecé a recorrer otros caminos
De mi geografía,
A la balsa la habían hecho huir.

No llegaban ya los montunos hombres
Con manojos de bacotas,
Que mi madre compraba
Que desmotábamos
Formábamos las almohadas
Para recostar los sueños
Para que los sueños soñaran
Con las que jugábamos
Mis hermanos y yo a la guerra.

No están ya los caminos de la balsa,
Cerrados están esos senderos,
Muertos están,
Los inconscientes la mataron,
Los otros hombres se olvidaron de hacerla vivir. 
Quién volverá a vestir los caminos
Con el árbol oveja.

Estàn estàticas las manos,
No están dinámicos los pies,
Los espìritus no tienen ánimo,
Entonces emprenderé la marcha
De conquistar la tierra para la balsa
Se erguirán las ramas y les daré mi apellido.

          

 

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