ALBUM DE FOTOGRAFIAS

Héctor Espinoza

Observando mis fotografías, el pasado se me venia encima haciéndome de nuevo participe de mis amores olvidados. Pero yo se que de todo lo vivido solo me ha quedado un carácter formado por las circunstancias mas difíciles. Las alegrías son pasajeras y son los colores que nos matizan de belleza estos momentos difíciles. Al pasar el tiempo no hay personas en particular, hay hechos y protagonistas; nosotros somos espectadores y comediantes. La justicia no existe sino como un efecto estético y moral. Siempre esperamos que la justicia sea a nuestro favor.

El hombre busca su rastro en el pasado, para dirigirse con buen paso hacia el futuro. Hay pasados difusos y nosotros nos encargamos de darle sentido material, de lo contrario la razón se pierde, abandonando su morada humana.

Esto es posible y se me hace una inquietud al ver mis fotografías de Machupicchu. Ante mi tengo unas burdas imitaciones de una vida que fue.

Inmediatamente hallo una foto que me indica la dirección que busco el Inca, en esa época de esplendor del sol. Entonces tengo ante mi unas piedras, que no fueron labradas, están esperando que el hombre las geometrice, les de lugar en sus viviendas, en sus ciudades. En ellas se nota la disposición a ser tratadas por los constructores, pero se les nota un carácter amargo, no tienen la alegría de las otras que fueron cortadas y colocadas.

Esta muy alta y escondida esta ciudad, su configuración es pétrea y su carácter es humano; fueron hembras la mayoría de sus habitantes, eran las elegidas del Sol. Los elegidos del hombre solo tocaron con amor a las piedras. El Inca figuraba como arbitro entre el hombre y el sol.

Enseguida se me aparece un Maoi, no es muy grande como los que habitan en la Isla de Pascua. Este esta triste porque lo obligaron a estar solo en la ciudad de Santiago de Chile. La materia que lo constituye se nota menos densa que la piedra del Machupicchu. Esta es geometría de la ciudad, aquella es forma humana. Los Moai en Pascua no miran el mar pero los hay tan grandes y pesados, que los debieron conocer antes de llegar como están ahora.

Los Hombres-Pájaros acompañaron a los Moai en su tiempo, fueron leyenda y realidad de ceremonia, pero de esos Hombres-Pájaros no pude fotografiar ninguno en Santiago.   En Santiago el Moai esta solo.   Los que los hicieron están muertos y son familiares de los que los miran ahora.

Paso las paginas y estoy al Norte, sigo como testigo, es una época de mayor esplendor científico.

El hombre es Maya, mide las orbitas de los planetas, quiere escribir, para no ser tan misterioso como los del Sur.

Las imágenes muestran dos pirámides macizas, construidas en Teotihuacan. Los teotihuacanos quieren dignificar a la luna y al sol. Para el sol la pirámide es mayor; quien ose subirla sentirá cierta dificultad y a la vez como haciéndole reverencias a alguien.

Me divierto al ver estas fotos mezcladas con escenas más jóvenes, que muestran mi país y otros países, donde se ven unas enormes fortalezas, construidas a la orilla del mar, es el Caribe. Son estos constructores, distintos a los anteriores; son altos y sus pieles blancas. Ellos conquistaron a los Incas y a los Aztecas, y sus cuarteles son de piedra. A veces colocaron sobre las ruinas de aquellos pueblos, sus invasoras viviendas.

Este juego de mezclar se puede hacer solo con imágenes recogidas en fotografías. El hombre moderno forma un rompecabezas congelando el pasado y el presente, y así se figura el porvenir.

Caracas, agosto 1985


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