FIESTA EN LA COLMENA

RAMAMAR

                                                           A mis nietos Daniel, Celia y Raquel

Se preparaba un gran día de fiesta en la colmena. Era el momento en que Antea, (bisnieta de la célebre abeja Maya), y que era la abeja reina de aquella colmena, iba a designar su sucesora como reina.

Ya había concluido el período en que Antea había tenido fuerzas para poner tan gran cantidad de huevecillos; había tenido que esforzarse para traer al mundo mas de cincuenta mil abejas mientras había durado su reinado. Y es que eso de poner todos los días alrededor de mil quinientos huevos es una tarea que agota a cualquiera.

De toda aquella inmensidad de huevecillos habían ido naciendo abejitas, las que en su mayor parte estaban destinadas a ser abejas obreras, y quienes, tras un corto periodo de pocos días en el nido y alimentándose de néctar y miel, se convertirían en abejas trabajadoras para su comunidad.

Los huevecillos no fecundados, habían dado lugar a otras abejas de otro tipo, llamadas zánganos, cuya misión sería defender la colmena de intrusos y, en su momento, alguno de ellos tendría la fortuna de fecundar a la nueva abeja reina.

Bueno, eso de la fortuna es un decir, pues, una vez fecundada la nueva reina, el zángano pierde parte de su cuerpo y se muere casi al momento.

Las abejas también hacen unos pocos nidos especiales, un poco mas grandes que los normales y en donde se crían algunas abejitas durante una temporada con un alimento especial llamado jalea real, con lo que se convertirán probablemente en nuevas abejas reinas.


Ilustración: Carolina Pérez  -   Animación: Francisco Villarreal

De todas estas, solo una de ellas se quedará en la propia colmena y es esta nueva reina la que, en este día tan señalado, sería designada sucesora de Antea; las demás previsibles reinas, tendrían que marcharse de la colmena, acompañadas por una cierta cantidad de obreras y algún zángano, formando un enjambre que se convertirá en otra colmena, pero algo alejado de la colmena de origen. 

Entre las candidatas a ser designadas como nueva reina, estaban en competencia cuatro de ellas, que eran las que sobresalían de entre todas las demás, por tener mas o menos las mejores cualidades para ser elegidas.

Una de ellas era Gracita, una abejita muy simpática y saltarina que era amiga de todo el mundo y siempre una alegría para todos.

Otra de ellas se llamaba Abila, menos alegre, pero también simpática y muy hábil para resolver problemas.
Otra era Forticia, una abeja muy robusta y poderosa, que hubiera sido muy buena para defender la colmena en caso de peligro.

La que nos queda se llamaba Kalia, que no destacaba por ninguna cualidad en particular, pero que tenía un poco de todo lo que tenían las otras: era alegre (aunque no tanto como Gracita); era también hábil (sin llegar a la destreza de Abila) y era también una abeja fuerte y saludable, aunque tampoco podría competir en este aspecto con Forticia.

Así las cosas, amaneció el día del nombramiento y todos estaban bastante nerviosos con la incertidumbre de conocer cual sería la decisión que tomaría Antea. Los preparativos de la fiesta corrieron a cargo de una comisión de festejos, quienes lo hicieron maravillosamente.

Hubo buena música: en primer lugar actuó una orquesta compuesta por seis mosquitos trompeteros (de esos que pican a Celia por las noches), acompañados por un escarabajo pelotero, quien hacía la percusión; a continuación, una pareja de cigarras que atronaron el ambiente con sus monótonos zumbidos, tan del gusto de las abejas que las escuchaban embelesadas y para finalizar la actuación de este concierto, se escucharon los melodiosos cri-cris de cuatro grillos que fueron la delicia de cuantos escucharon su concierto.

Para comer, pusieron una gran cantidad de manjares exquisitos: canapés de néctar de flores del campo; gran cantidad de bebida a base de agua azucarada con miel y para postre unos magníficos sorbetes preparados a base de jalea real, que fueron muy alabados por cuantos disfrutaron de su libación.

Como atracciones importantes, actuaron un escuadrón compuesto por ocho zánganos que volaron en perfecta formación por encima de todos los asistentes, haciendo unas impresionantes figuras aéreas y acrobacias de todo tipo. Sobre todo fueron muy aplaudidos cuando pasaron por encima de la reina Antea, simulando un ataque en picado y elevándose rápidamente hasta gran altura sin perder en ningún momento la formación.

Finalizada esta actuación, la reina Antea ordenó a todo el mundo que guardara silencio y pronunció entonces su veredicto: había decidido que su sucesora fuese la abeja Kalia, quien a su parecer sería la mejor reina para la colmena: era alegre, prudente, hábil, sana y fuerte y seguramente sería la mejor reina que podrían tener. No destacaba especialmente en nada en particular, pero tenía las mejores cualidades para ser una buena reina.

Todos acataron su decisión comprendiendo que era lo mejor para la colmena y en seguida comenzaron los festejos para el nombramiento de la nueva reina.

Kalia, eligió para ser su consorte a un zángano especialmente fuerte y sano, con el que tendría una descendencia de altísima calidad. 
Mientras la reina Kalia y su consorte se retiraron a sus habitaciones, todos los demás siguieron celebrando la fiesta; para todos hubo música, baile y comida en abundancia y la juerga continuó hasta el atardecer, en que cada uno se retiró a su lugar preferido para descansar convenientemente y estar preparado para volver al trabajo al siguiente día.

Una etapa había concluido y se presentaba un nuevo y fructífero reinado, que prometía ser también de una gran paz y tranquilidad bajo el mandato de la reina Kalia, (la tataranieta de la abeja Maya).


Las Zorreras,  20 de julio del 2002

 

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