SONETOS

María Molina González

 

AQUELLA MANO

EL BUEN PASTOR


La mano deslizante en mi mejilla,
tu mano ya tocada por la muerte;
yo vislumbraba la monstruosa suerte
que iba a trocarte en un montón de arcilla.

Aun ahora la horrible pesadilla
de tantas noches de silencio inerte
crea en mis ojos la ilusión de verte,
un espejismo que mi amor humilla.

Aquella mano blanca, como un nardo,
y que en mi frente era un celeste dardo
ya no serena mi existencia ausente.

¿Es el cielo que sueño, quizá en vano,
encontraré, algún día, aquella mano
reposando otra vez sobre mi frente?


Desde la cuna, que me estás llamando
con dulce silbo y me complazco oyendo
tu invitación de amor, aun sabiendo
que tanto gozo me estará abrumando.

¿Cuándo esta oveja se te dará? ¿Cuándo
vendrá a tu aprisco, dócil, desoyendo
voces extrañas que te están mintiendo,
goces falaces que la van manchando?

Vuelvo a tus pastos con placer jocundo
que sólamente en Tí mi dicha fundo
y jamás de tus gracias todo el fondo.

De todo Banal huyo y prescindo
y siel Mal me acomete no me rindo
porque siento tu Fuerza en lo más hondo.

  

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