Diálogos

José Luis Hisi

  Rodolfo Walsh  y las letras.

(diálogo con Jorge Páez, hacia 1991)

Jorge- Dígame, Walsh, Ud. fue un ávido lector de los clásicos, ¿no?

R.Walsh- Así es, y creo que pronto voy a poder dialogar con ellos. Si soy tan leído en estos años, quizás me inviten a tomar el té. Me gustaría jugar una partida de ajedrez con Joyce, Y apostar algo con Hemingway.

Jorge- Se ha dicho, escrito, que los estadounidenses, entre ellos Truman Capote,  crearon el new periodism, haciendo novelas sobre la base de investigaciones periodísticas sobre sucesos de la vida real. Crónicas que son novelas, como A sangre fría.

R.Walsh - Bueno, yo nunca quise que mis crónicas fueran leídas como novelas. Pero evidentemente los géneros se entrecruzan, porque los escritores tenemos una mezcla de oficios. Y el lenguaje no es algo exacto. Uno tiende a la precisión de la palabra escrita, del discurso, como se dice ahora, pero en realidad se persigue una quimera. La pureza total no existe; y la verdad absoluta, tampoco

Jorge-¿No van mujeres a las tertulias de los clásicos?

R.Walsh -No sé, todavía no he ido; puede ser que esté Emily Brontë, y alguna otra.

Jorge-¿Y cómo hacen para comunicarse cuando se encuentran?

R.Walsh -El latín sigue siendo muy útil. Además tenemos otras lenguas alternativas, y establecemos puentes. A veces nos cuesta, como a todo el mundo. En una oportunidad estaba divagando por la zona  eslava, y me cruzo con Tolstoi y Gorki, que venían charlando, del brazo, con sus barbas muy crecidas. Al verme, parece que me reconocieron, y me saludaron en francés. Yo intenté contestarles, primero en latín, y luego en inglés, pero fue inútil. Se quedaron mirándome, meneando la cabeza. No se estableció el puente. Ellos siguieron su camino, y yo me quedé solo, pensativo. De pronto apareció el Dante; caminaba nervioso, apurado. Quise decirle algo, pero no entendió mi latín. Se puso nervioso, y se fue murmurando palabrotas espesas. Hasta que encontré a Leonardo Da Vinci; con él sí que nos entendimos. Empezamos hablando de máquinas de guerra; y terminamos comentando sobre los helicópteros. ¡Qué lucidez tiene el viejo! Capta todo acerca de la aeronavegación, como si hubiera nacido en el siglo XX. Y por cada adelanto tecnológico que le mencionaba, me pedía una nueva explicación. Se maravillaba con los misiles tierra-aire.

Jorge-Volviendo a nuestro tema: ¿qué opinión tiene Ud. sobre los escritores vivos de América Latina? Me gustaría que empezáramos por uno de los más leídos: Gabriel García Márquez.

R.Walsh - La realidad difiere mucho de una parte a otra de nuestro continente. No es lo mismo la producción en un país como México, Costa Rica o Colombia. Nos une un idioma común, pero pareciera que la posibilidad inconmensurable que tiene un escritor en Centroamérica, no la tiene uno en México. La sequedad de México se vió fotografiada artísticamente en los cuentos de Juan Rulfo. En cambio, la voluptuosidad colombiana fue muy bien aprovechada  por García Márquez. Cierto que flaqueó en algún momento (con El Amor en los Tiempos del Cólera). Pero repuntó mucho con la novela histórica sobre el General Bolívar. Hacía rato que no salía algo épico en nuestra literatura. Lo último grandioso había sido La Guerra del Fin del Mundo, del peruano Vargas Llosa, según pude leer. Ahora, en los 90, no hay plafond para algo así, me parece.

Jorge- ¿Y que le pareció “No habrá más pena y olvido”, en su momento?

R.Walsh -No lo conozco a ese libro. Fui a ver la película, nada más. Es algo subjetivo, una parcialidad del fenómeno de la violencia en la Argentina. Que no ayuda para nada. Porque la violencia no estaba sólo en el peronismo. estaba instalada en toda la sociedad, enfrentada por desgarrantes conflictos internos, de tipo político, que se manifestaron bajo la forma de conflictos armados.

              No sólo en el peronismo se manifestaba la violencia política. Los militares golpistas aplicaron la violencia, con métodos de guerra civil, para atacar al pueblo y sus expresiones políticas aún antes de que existiera el peronismo. Hay una continuidad, un intento sistemático por doblegar las expresiones democráticas y populares: en 1930 derrocan al radicalismo de Irigoyen;  en el 1951 golpean y reprimen al Peronismo, para luego derrocarlo en 1955, con las hazañas de la Revolución Fusiladora en 1956; en 1966, deponen al Radicalismo de Illia; y finalmente en 19 76, al Peronismo otra vez, ejerciendo la Dictadura Genocida una represión indiscriminadasobre todas las expresiones políticas y gremiales representativas. Ciertamente, siempre hubo sectores civiles, dentro del propio movimiento peronista, que apoyaron al Partido Militar en la en la implantación de la la dictadura de turno.

           Pero: ¿quién tuvo la iniciativa político-militar en todo este siglo? La reacción oligárquico-imperialista.

           Bueno: ¿Adónde estábamos con la literatura?

Jorge- Ud. opinaba acerca de “NO HABRÁ MAS PENA NI OLVIDO”.

R.Walsh - Ah, sí. De la película. Claro que a lo mejor el libro es distinto. Veremos. Los intelectuales nunca supimos, en la Argentina, interpretar adecuadamente el fenómeno del peronismo. Los que adherimos al Movimiento, salvo excepciones como Leopoldo Marechal, lo hicimos de una manera afectiva, tardía y romántica. Todo lo cual resta objetividad en cualquier circunstancia.

              Hay que desmitificar un poco esto: en el imaginario colectivo está instaurada una acepción de intelectual que es errónea. Quizás el origen lo debamos rastrear en Francia, porque desde Descartes en adelante, se asocia intelectual con Razón, y luego con objetividad, por aquello del método científico. Cierto es que pensadores como Goethe en Alemania, o el mismo Descartes en Francia, eran más sabios, más objetivos y más razonables (o razonadores) que la nobleza, quien tendía a ser conservadora, y fundamentalmente ociosa.

              Pero no se puede pretender que un pensador sea mucho más objetivo que un carpintero, un artesano, un comerciante o un banquero de la actualidad. Cada cual es presa de sus pasiones, y así como el banquero se emociona con sus dividendos, y busca o apoya un partido que lo represente, un intelectual se  apasiona con la cultura, con un tipo de cultura, y se sentirá atraído por un partido que la conserve. T.S. Eliot, por ejemplo, gustaba de la literatura clásica y se definió como anglocatólico. Por conservador, no dejó de ser un excelente intelectual. A otros como Hemingway, les interesaba defender la democracia y pelearon por ello; pero más por una intuición justiciera que por una claridad política. Y no todos los del bando republicano español eran tan democráticos, ni tan justicieros. De hecho, los comunistas fusilaban a los anarquistas, y así también se distanciaron las distintas expresiones en la posguerra. Esto: ¿no confunde también a los intelectuales? Veamos la trayectoria zigzagueante de Sábato, de Jorge Amado, de Octavio Paz, de Graham Greene. Son casos típicos de desencantados. El pensador: ¿debe aceptar todo lo que se diga y se haga en nombre de la Revolución, de la Democracia, de la Libertad? Creo que se les exige demasiado a los intelectuales, cuando están vivos…

                Después llueven los panegíricos, o el ocultamiento. ¿Qué se gana con eso? Silenciaron durante diez años los méritos de Marechal en la Argentina. También a Boris Pasternak Y tantos otros. Luego de cierto tiempo los rehabilitaron … Son incoherencias del Poder Político.

               A mí me censuraron también. En mi propia Organización. ¿Qué lograron? ¿Murieron menos hombres y mujeres  con eso? ¿Se ganó la guerra?

               Hay muchas vanalidades en el accionar de los Centros de Poder Político.

 

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