UN SEÑOR IMPORTANTE

Horacio Destaillats

 

Un auto grande, negro, último modelo, estacionó justo en la puerta de la joyería Wilkins and Son en plena zona bancaria, un viernes a las tres de la tarde. Evidentemente las restricciones no corrían para el caballero que conducía, quien descendió y rápidamente dio la vuelta para abrir la puerta a la dama que lo acompañaba. 
Él era un cincuentón elegantísimo, ya insinuando una barriguita propia de quien no se priva de nada. Las canas de las sienes le sentaban bien y su aspecto general era el de una clase superior de porteño sin prejuicios. Ella era algo muy especial. Una mujer joven, muy atractiva - para decirlo de una forma moderada - y con mucha desenvoltura. Se movía con seguridad sin que las miradas de los apurados que circulaban por esas veredas la perturbaran.
Entraron a la joyería, la más importante de la Ciudad, y pasaron a una salita reservada donde un empleado de gran presencia los atendió frente a una mesa forrada de terciopelo negro. 
El caballero le extendió una tarjeta personal que el otro intercambió por una del establecimiento. 
- Bien ? preguntó el empleado.
- Quisiéramos algo original, un brazalete o quizás un collar... La señorita es quien va a elegir, naturalmente, dijo el caballero. 
- Si, sí, creo que lo mejor sería un collar... o no... a ver, porqué no nos muestra algo, asesóreme. Dijo la joven
El empleado trajo una caja con lo mejor que podía ofrecer. Ella estaba deslumbrada y el hombre miraba, displicente. Durante media hora estuvo probando distintos collares, broches y pendientes. El vendedor le indicaba lo que le parecía más propio para su rostro, para su color de piel, para cada ocasión. Finalmente terminó por elegir un broche espectacular, de brillantes con una gran esmeralda en el centro. El precio era tan espectacular como el broche. 

El caballero, aparentemente muy satisfecho con la compra, se corrió hasta la caja.
Vea usted, dijo al dueño, quien lo atendió personalmente. Aquí no tengo efectivo y lamentablemente los bancos acaban de cerrar. Tendré que darle un cheque al día. Usted lo puede depositar el lunes y el miércoles lo tendrá acreditado. Más o menos a esta hora, la señorita vendrá a retirar entonces la joya, si es que usted está de acuerdo. 
Desde luego, señor, el broche estará guardado en la caja fuerte hasta el miércoles. No problem!

La pareja se retiró con gran beneplácito del empleado, quien se había sacado una jugosa comisión, y lo acompañó hasta el coche. Lo vio partir emocionado. Lo que puede el amor..! pensaba. 

El lunes siguiente, a las ocho de la mañana, el comprador del broche estaba en la puerta de la joyería, esperando que abrieran. El dueño llegó a las ocho y media y se extrañó de verlo allí, pero lo hizo pasar de inmediato. 
- Ocurrió algo inesperable, señor, dijo el caballero. Un cataclismo. No entraré en detalles pero se produjo un crack en el Banco que me obliga a cancelar la operación, al menos por el momento. Aquí le traje la factura, que le reintegro y le pido mil disculpas pero debo retirar el cheque, que no tendría fondos... 
El joyero quedó muy confundido. Una operación que parecía tan limpia se venía abajo. Pero no había alternativa así que sacó el cheque de la caja y se lo devolvió. En eso entró el empleado que los había atendido. Preguntó que había pasado y el caballero lo tomó del brazo y mientras salía del negocio le dijo, dándole un codazo cómplice: 
- No sabés, negro, el fin de semana de locos que me pasé...!!

  

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