LA PROFESORA

Diego Remussi


Nadie sabía bien por qué le habían hecho fama de mala. Los comentarios sobre la de Biología nos mantuvieron pendientes aún antes de empezar las clases.Ya nos imaginábamos a una mujer cruel que gozaba poniendo aplazos. 

El hermano de Jorge nos contó que cuando él la había cursado, más de la mitad de la división se había ido a examen. Carlos hablaba de la profesora, pero no lo hacía con maldad. De a poco dejaba entrever que la materia ya era difícil de por sí.

Yo traté de reservar un poco de esperanza y la verdad es que la profesora me cayó bien de entrada. Era callada y más que seria, parecía tímida. Usaba las palabras exactas para dar su clase. Nada de sonrisas ni comentarios aleatorios. Sólo su lección. Y tarea y más tarea. Todos los días había algo para hacer. En realidad si uno cumplía y llevaba la materia al día, no era tan difícil. Lo que pasa es que a nosotros nos gustaba más jugar al fútbol y a veces se nos atrasaban las entregas. Lo peor era hacer en una sola tarde todos los ejercicios pendientes. 
Se acercaba el fin de las clases y una vez más, como todos los años, eran varios los que se iban a examen ( la mayoría del curso).


        Dibujo: Carolina Pérez - Animación: Francisco Villarreal
Ella se mostraba inflexible y no aceptaba hacer favores de última hora, aunque le pidieran recuperatorios y notas de concepto.   Yo fui uno de los pocos que aprobó.   Me pareció que ella sonreía cuando leyó mi nota.   Creo que en el fondo hubiera preferido aprobarnos a todos.   No era cierto aquello de que ponía los aplazos con placer.

El curso de Carlos se recibía ese año.   Por primera vez se había hecho un sorteo entre los profesores para decidir cómo se haría la entrega de diplomas. Tradicionalmente se hacía una elección pero los resultados eran muy desparejos.   Mientras el de Matemáticas recibía numerosos pedidos, l a de Biología (y otras profesoras también)  se quedaban a un costado como simples espectadoras.

Esta vez se habían preparado especialmente. Y no eran sólo los alumnos los que estaban nerviosos.
Llegó el turno de Carlos. Frente a él estaba la profesora de Biología. Eran viejos conocidos. Había tenido que rendirla tres veces. Quizás él hubiera preferido otro profesor, pero en ese momento la vio parada ahí, temblando un poco y le dio una ternura inconfesable. Se dieron las manos en un saludo correctísimo (después nos contó que le deseó mucha suerte).

Al final bajó del escenario, conmovido. Pensó que odiaba a la de Biología, pero a partir de ese momento había empezado a quererla. Era un poco tarde ahora que se alejaba para siempre del colegio. Sin embargo, tuvo tiempo para dedicarle un saludo cariñoso. Y pudo ver, quizás por primera vez, cómo ella se ponía contenta por él.

 

 

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