UNA FIESTA EN BUENOS AIRES

Carlos Hugo Burgstaller


Siempre llego temprano y esta no era una excepción. Roberto estaba acomodando unos vasos en la mesa.
-¿Y Graciela? -pregunté
-Se está bañando -me contestó al tiempo que sonaba el portero eléctrico.
-¿Podés atender? -dijo Roberto mientras iba hacia la cocina.
Eran Esteban y María Laura. Traían dos botellas de champaña y un paquete de sandwiches de miga. María Laura me dio un beso y Esteban solo me dijo hola y pasó para la cocina.
-¿Y Graciela? -me preguntó María Laura.
-Se está bañando- dije mientras buscaba los cigarrillos en el bolsillo del saco.
-Sabés como es Graciela, siempre es la última en estar lista -agregué y encendí el primer cigarrillo de la noche.
María Laura abrió el paquete y se puso a acomodar los sandwiches en los platos. Desde la cocina llegaban las risas de Roberto y Esteban, yo me acerqué a la ventana. Las luces de los coches marcaban la calle en fugaces destellos, la noche no tenía nubes, el portero volvió a sonar.
Eran Raquel, Marcos y Raúl.
El departamento de Roberto es de tres ambientes grandes y cómodos, Nos instalamos en los sillones del living y comenzamos a beber y a comer algunos sandwiches.
Graciela apareció desde el dormitorio. Llevaba un vestido negro ajustado con finos breteles, bastante corto y una cadena dorada remataba su largo y fino cuello. Como siempre hizo su entrada como un reina, su sonrisa desbordaba de su boca y dio besos con su acostumbrada frialdad. Yo quise suponer que cuando me saludó se detuvo un segundo al rozar mi mejilla, pero no fue más que mi imaginación. Se sentó en el apoyabrazos del sillón al lado de Roberto quien la envolvió por la cintura con su brazo de jugador de rugby. De la calle llegaban algunos bocinazos y un suave viento primaveral entraba por la ventana.
-Siempre le digo a Roberto que prefiero que salgamos a bailar antes que hacer una fiesta en casa, pero él prefiere reunirnos acá. No sé por qué, si cuando salimos nos divertimos mucho más. -dijo Graciela mientras apoyaba su mano sobre el muslo de Roberto.
-No sé -dijo Raquel- yo prefiero estar en una casa, es más íntimo -Marcos mostró una sonrisa pícara y miró de reojo a Raúl.
-No, no te rías, lo digo en serio, yo estoy más cómoda, no sé, es más cálido, no hay extraños, que sé yo, si tengo sueño me tiro un rato en la cama, es como estar en mi casa.
-Sí -dijo Graciela- pero no podemos pensar siempre en que vos podés tener sueño, después de todo si salimos de noche a bailar se supone que no es para dormir. Acordate la noche que fuimos a "Rick", bien que no te dió sueño, ¿o me equivoco?
Hubo algunas risas, y Graciela le pidió un sandwich a Roberto. Marcos volvió a reirse, ahora con menos disimulo.
-Brindo por la reina de la noche -dijo Sergio y se mandó su vaso de wiskie hasta el fondo.
Fue un mal principio, pero siempre se empezaba así. Graciela no podía ocultar su sarcasmo, que no era otra cosa que su mal gusto mezclado con su vulgaridad. Por otro lado Raquel siempre pensaba encontrar algo nuevo en un grupo que ya se conocía demasiado como para poder descubrir que alguno tenía lago original que decir. Y pensándolo bien yo también prefería ir a bailar.
Marcos se levantó y subió el volumen del equipo mientras invitaba a Raquel a bailar.
-Poné más despacio -dijo Roberto- sino, ya sabés, viene el portero con la queja de la del quinto y empezamos la lucha de siempre, y hoy no tengo ganas, tengamos la fiesta en paz.
.Sí, tenés razón, -agregó María Laura- además no me gusta nada eso, que miércoles es.
-Roxete -dijo Raquel
-Pues no me gusta.
-Dejáme a mi -dijo Raúl mientras se dirigía al modular y sacaba otro compacto.
-En realidad Graciela tiene razón, o vamos a bailar o a este grupo le agregamos minas, porque así siempre pasa que alguno se queda mirando como los demás se divierte -dijo Sergio mientras se ponía serio. Cosa que provocó la risa de todos, pero que en el fondo no dejaba de tener razón.
Nos reuníamos para charlar, contar nuestras cosas, recuperar recuerdos y afinidades perdidas ya hace mucho tiempo y como eso tenía poca vida algunos terminaban bailando y otros jugando a las cartas.
-En definitiva no sé para que mierda vengo -dijo Raúl.
-Che dejate de joder -dijo Esteban- si acá no venimos a levantar minas, venimos a pasar una noche entre amigos, así que por qué no destapamos una de esas botellas que trajimos y pegamos un brindis por nosotros.
Destapar el champaña trajo un poco de alegría y distendió el ambiente. Un poco de espuma mojó la moquete pero a nadie le importó y las copas se alzaron, con más o menos dignidad.
Raquel y Marcos volvieron a bailar, mientras los demás volvimos a sentarnos. Roberto tomó la palabra y recitó su acostumbrado discurso político-burgués sobre un improbable fracaso del plan económico de este gobierno. María Laura bostezó y yo tomé una empanadita de queso que realmente estaba muy buena.
-Pasame el jugo de pomelo -le pidió Raúl a Graciela- yo no puedo con el alcohol -y agregó- y de Gloria ¿qué saben, no llamó?
-Dijo que venía, pero bueno sabés como es, dice una cosa y hace otra, nunca anduvo muy derecha -dijo Graciela mientras se bajaba el vestido que se la había subido bastante.
-Sí, nunca tuvo suerte, pobre -acotó María Laura.
-Sí, tal vez podríamos llamarle suerte -sentenció Graciela.
Raquel y Marcos dejaron de bailar.
Sergio contó algo del banco, de un problema con un gerente, de cómo lo estaban fundiendo y nadie hacía nada.
-Son diez años tras la ventanilla, conozco algo de lo que pasa, pero que puede hacer uno.
-Tenés razón -le dije y me paré para buscar otra empanadita.
Esteban se me acercó y me preguntó qué me pasaba.
-Nada, lo de siempre, no sé para que vengo.
-¿Por qué?
-Ya sabés, lo de siempre, a ninguno le importa realmente lo del otro, cada uno tiene un mundo distinto y opuesto al del otro, y además está Graciela.
-Bueno macho, pero no podés seguir así, ella está bien con Roberto, dejate de macanas, no vas a meter la pata.
-Yo se que tenés razón
-Y bueno si la tengo haceme caso, después de todo no creo que puedas volver con Graciela, a pasado mucho tiempo y ella, creo, no quiere lo que vos le podés ofrecer.
-¿Qué querés decir con eso?
-Fijate bien, y comprendé de una buena vez lo que ella quiere, lo que pretende, o no sabes como se tiene que matar Roberto para cambiar el coche todos los años y ver si pueden pasar un mes en Punta del Este el próximo verano. Además no la veo, a esta altura, yendo con vos a un cine a ver esas películas que tanto te gustan y menos discutiendo lo que a vos te interesa.
-Querés decir que de todos los que estamos acá yo estoy de más.
-¿Qué decís, estás loco?
-No, no estoy loco, simplemente sumo dos más dos, porque si vos me decís que a Graciela le importa un carajo lo que yo hago o pienso, también sé que a los demás les pasa lo mismo y no me mires así porque te incluyo.
-Una cosa es que andemos por caminos diferentes y otra es que no seamos amigos.
-Yo no estoy hablando de eso, sólo digo que pensamos distinto, o no te diste cuenta que cuando Roberto empezó a pontificar sobre su concepción cómoda y vulgar de esta sociedad casi vomito, o con lo del banco de Sergio. ¿Pero a quien le importa? -dije casi en un grito.
-Che es nuestro amigo -interrumpió Esteban mientras miraba hacia donde estaban los demás a ver si se habían dado cuenta de por donde andaba nuestra charla.
-Si, un amigo que hace diez años que nos cuenta lo mismo.
-Si, algo de razón tenés, pero que querés que hagamos, cada uno es lo que puede ser o acaso vos sos mejor que los demás.
-Mirá mejor lo dejamos así, y volvamos a las empanadas que se están enfriando.
Esteban volvió con María Laura, y la noche ya se comprometía a ser lo de siempre. Raquel se reía bastante con Marcos. Algunos de los dos estaba tomando de más y no era precisamente Marcos, y a ese yo lo conocía muy bien. Sabía que siempre le tuvo ganas a Raquel y comencé a sospechar que esta noche se la llevaba a la cama. Después de todo eran amigos.
Todo pasaba como siempre, llegó el momento en que aparecieron los chistes y de eso Raúl y Sergio eran especialistas. Podían pasarse una hora contando uno cada uno sin parar.
Comimos helado que había traído Sergio y cerca de la medianoche del champaña no quedaba nada. Pero de todas maneras había wiskie y algo de vino.
Raúl se fue temprano. La mujer no andaba muy bien, era el embarazo o algo así, quiero decir que estaba en cama, y bueno Raúl no quería volver muy tarde, ustedes saben como es eso dijo como disculpándose. Pues bien, yo no se como es eso, de todas maneras le mandé besos para Mabel y todo ok.
María Laura me preguntó por Elena, y por qué nunca la traía, pero de todas maneras le mandaba besos. Y como decirle que Elena se cagaba en todos ellos y que de una manera u otra se cagaba también en mí.
-En serio, decile que quisiera verla, por qué no vienen una noche a casa los dos a cenar -insitió María Laura.
-Tal vez -dije- lo que pasa es que andamos medios despelotados y con horarios desencontrados, pero igual voy a tratar, ella también tiene ganas de verte -mentí.
Graciela apareció con el café y (maldición) con un albúm de fotos de la quinta del padre y las vacaciones de Punta del Este.
-Vení, sentate a mi lado -me ordenó Graciela.
Yo la miré como desde el fondo de un barril.
-Sentate a mi lado y te cuento quienes están en las fotos.
-Prefiero que Esteban toque la guitarra y cante -dije con un gusto ácido en la boca, mientras buscaba con la mirada el balcón, la calle y las estrellas.
-No seas chistoso -dijo Esteban
-En serio, no es chiste -dije mientras el gusto de mi boca era cada vez más ácido. Pero no tuve suerte, vi las fotos una por una. La pileta de la quinta, papá con su nueva camioneta, la playa de Punta…
-¿No habrás traído las que estás en toplesss? -preguntó Roberto algo asustado- Si porque la loca hizo topless en Punta. -agregó inmediatamente.
Graciela se moría de risa y perdía la compostura, creo que se puso nerviosa.
-En serio me animé -dijo por fin Graciela mientras disimulaba sus nervios que ya eran imposible de ocultar.
María Laura la miraba sorprendida y Diana sólo alcanzaba a reírse y mirar a Roberto.
-Tendrían que haber visto a Roberto, casi revienta -siguió contando Graciela- se quedó mudo cuando me vió, y les juro que su mirada ocultaba una intención de asesinato. Pero yo no le hice caso y me tiré al sol sin ningún problema.
María Laura miró a Esteban con un gesto bastante serio.
-Y eso no es todo -agregó Graciela- todo el que pasaba me miraba hasta que Roberto no aguantó más y puteó a un par de flacos -y casi estallando en una risotada continuó- no saben que escándalo, y lo pero es que casi lo matan y bueno yo ligué algo como loca y puta, pero fue fantástico.
Roberto trataba de reírse y tomar la cosa con naturalidad pero no era muy fácil, se lo veía tenso, después de todo era su mujer. Aunque no se si con eso quiero decir algo, es más, me parece que eso era lo atractivo, por lo menos para nosotros, porque si hubiera sido Raquel la que hubiera contado que hizo topless las reacciones hubieran sido distintas. Pero de todas maneras esa confesión puso algo nuevo a nuestras reuniones, o por lo menos yo pensé que eso estaba pasando. La cuestión es que un coro masculino, compuesto por Marcos y Sergio, al que me agregué yo, pedía ver esas fotos. María Laura seguía mirando muy seria a Esteban a quien ya tenía agarrado del brazo mientras los pedidos iban en aumento.
-Che no podés privarnos de eso -dijo Sergio.
-Seguro -Marcos asentía mientras agregaba- después de todo porque van a tener ese privilegio unos desconocidos y nosotros, amigos de toda la vida, no.
-Eso- dije yo mientras servía wiskie a quien tuviera un vaso en la mano.
Graciela miró a Roberto como pidiendo permiso. Roberto la miró pensando que era un chiste y sonrió pero de pronto se puso serio.
-Si, por qué no -le dijo Graciela- que tiene de malo, después de todo no soy una vieja, tengo lindo cuerpo así que no veo por qué no lo puedo lucir.
-Bueno ya está bien -dijo Roberto mirándonos a todos y poniéndose muy serio- creo que estás fuera de lugar.
-No -dije yo y me mandé mi vaso de un solo trago.
Graciela quedó mirándonos mientras todos nos quedamos callados. No puedo negar que disfrutaba ese momento.
Y fue Raquel la que rompió el silencio y no hizo otra cosa que agregar un leño más al fuego que ya había tomado una hermosa consistencia
-Por qué no, si Graciela tiene razón, es linda, tiene un buen cuerpo, y como dice ella, por qué no lo va a lucir.
-Qué decir -saltó María Laura.
-Lo que oís, y te digo más, yo no me animé a hacerlo este año porque estaba con toda mi familia, y eso me cohibió un poco, pero te juro que no tendría ningún problema, y es más si estuviera con mi marido lo haría con más seguridad-
A esta altura yo no se era el alcohol el que estaba hablando por ella, pero lo cierto es que a Marcos le brillaban los ojos y la situación se ponía muy interesante, aunque en realidad debería decir tentadora. Raquel agregó que sería capaz de hacerlo aquí mismo, en este preciso momento, como si todos estuviéramos en una pileta o en la playa.
-Bravo -gritaron al unísono Sergio y Marcos mientras aplaudían.
-Esperen un poco, no les parece que se están yendo al carajo -trató de mediar Esteban.
-No, que decís -lo frenó Graciela- ahí está el punto, por qué no. Y te voy a decir más, si en lugar de nosotras fueran algunas loquitas -y dijo esto con mucha malicia- ya estaría aplaudiendo y gritando, y no quiero seguir imaginando cosas.
María Laura estaba muda, completamente helada. Marcos miró a Raquel y le dijo;
-¿En serio lo harías acá, delante de todos?
-Sí -dijo simplemente Raquel y se quedó mirando a todos muy desafiante y agregó- pero primero veamos las fotos de Graciela.
Roberto, que creía que con la confesión de Raquel se desviaba un poco la atención de Graciela, le clavó los ojos con todo el odio del que era capaz de juntar en ese momento.
-Si vos tenés ganas de mostrarte es cosa tuya pero me parece totalmente fuera de lugar querer meter a Graciela en esto, si querés hacer de loca hacelo -le dijo Roberto a Raquel casi gritando.
Raquel se quedó un instante como pesando la palabra loca, prendió un cigarrillo y mientras se reclinaba en el sillón con una voz muy serena le dijo a Roberto:
-Pero decime una cosa no fuistes vos el que sacó a relucir el tema de que Graciela se había sacado fotos en topless o yo confundo el ruido de la lluvia con un desfile militar. Vamos dejate de aparentar si a mi me parece que en el fondo vos tenes más ganas que Graciela de mostrar esas putas fotos, sencillamente para mandarte la parte de la mujer que tenés; y todo lo demás es pura cáscara. -Raquel hizo una pausa y luego continuó- Porque claro hay que hacer un poco de teatro, mostrar un poco de pudor, no pensas lo mismo -dijo de pronto mirándome a mi. Y de pronto todo se paralizó, y digo todo porque hasta la cortina del balcón dejó de moverse como si hasta el viento se hubiera detenido. Cada uno de nosotros miraba a los demás como buscando la respuesta a por qué habíamos llegado a esta situación. Qué había cambiado en tan pocos minutos para que ahora nos sintiéramos, no como enemigos, pero si como desconocidos. Graciela seguía con las fotos en la mano como si fuera un ramo de flores marchitas. Roberto se levantó y fue al baño y cada uno de nosotros fuimos recomponiéndonos muy lentamente.
Esteban fue quien se decidió a tomar la palabra
-Che, creo que estamos un poco confundidos.
-Sí, sobre todo vos -interrumpió Graciela.
-Esperá un poco y dejame hablar -interrumpió ahora Esteban- yo creo que nos confundimos, lo que tal vez Roberto quiso hacer fue un chiste y ya vimos que salió mal.
-No es tan simple -gritó Roberto saliendo del baño- porque yo sé a donde apunta todo esto. Y te digo más -Roberto se dirigía a Esteban porque supongo que lo creía el más equilibrado de todos- Graciela quiso mostrar las fotos, y digo quiso porque no es, como dice Raquel, que ya saqué el tema, yo lo intuí de pronto cuando Graciela apareció con esas malditas fotos. -Graciela sólo lo miró.
-A donde querés llegar? -preguntó Raquel
-A que yo me di cuenta cual era el juego de Graciela -ahora Graciela abría muy grandes los ojos y lo miró con cierto temor- Sí de tu juego estoy hablando, porque vos lo llamaste a él -dijo esto y me miró- para se sentara a tu lado porque querías que te viera desnuda en las fotos, y si no es verdad atrevete a desmentirlo y si no -Roberto de un manotón le arrancó las fotos de las manos y las repasó rápidamente tirando algunas al suelo hasta que encontró lo que buscaba- Ven acá están las famosas fotos, vos sabía bien que las traías -terminó diciendo mientras miraba a Graciela.
Yo no se si fui el más sorprendido pero no podía negar que las palabras de Roberto me habían dejado helado.

Unas semanas más tarde Graciela me llamó al trabajo y me pidió que nos encontráramos. Quedamos en vernos en un bar al día siguiente a las siete de la tarde.
Cuando llegué ella ya estaba sentada en una mesa del fondo. Tenía puesto un hermoso saco gris, con un pequeño prendedor en la solapa que me llamó la atención.
Nos saludamos cordialmente, pero nos costó un poco comenzar a charlar con cierta naturalidad. Pero en pocas palabras me contó como había terminado la reunión esa noche y que con Roberto las cosas se habían calmado. Dijo algo más que no recuerdo y enseguida se fue, dijo que estaba apurada. Me ofrecí acompañarla pero se negó. La vi irse con un paso ligero, eludiendo las mesas y un mozo que trataba de mantener el equilibrio de una bandeja llena de botellas y vasos.
Yo me quedé mirando la puerta desde el fondo del bar. Dejé el dinero de la cuenta y me levanté, miré un segundo el sobre blanco que Graciela había dejado sobre la mesa y me fui.

   

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