REY AFUERA

Juan Ignacio Gilligan

El rey despertó solitario en su cuarto. Lo sorprendió la ausencia de la reina, que se había marchado temprano con rumbo incierto, también, el extraño y sospechoso silencio imperante en el palacio. Al salir, preguntó por los caballos, pero nadie había para escucharlo. En realidad, hacia rato que nadie lo acompañaba.

Por primera vez en la vida se encontraba solo, miedoso y estático, y se sintió pequeño. ¿Qué puede hacer un rey sin reinado? Descubrió que sobre el horizonte asomaban aquellas mismas siniestras sombras del pasado. Venían por él. Eran muchas y variadas, sedientas de dominio y grandeza. Hubiera querido en su triste momento, tener la valentía y la entereza del vasallo ( la peonada, siempre la peonada, obligada a marchar sumisa al frente de combate, a darlo todo sin recibir nada a cambio. Educada para eso. Y los monarcas al resguardo, tranquilos, refugiados en sus torres de marfil). Cuántas veces los había visto morir con la vista en alto, con grandeza, sin retroceder nunca el paso.

Pensó que, al menos en este instante, la reina debería permanecer a su lado. Pero a él ya lo arrastraban los años, en cambio ella era joven y bella y podía alzar vuelo. Quizás se fugó con uno de los guardianes. Una noche atrás los había visto marchar juntos fuera del palacio. Pero que más daba ya, al menos durante el día permanecía a su lado.

¿Era esta emboscada una trampa? ¿Qué mente siniestra pudo haberla ideado? Lamentaba pensar así, puesto que todavía nadie le había arrebatado nada y las sombras que llegaban, y cada vez más cerca, nada tenían similar a los hombres de su reino. Lamentó pensar así, pues no parecía el pensamiento de un gran rey, más bien parecía el de un cobarde que desconfía hasta de quienes daban su propia vida para protegerlo.

Ya cercado atinaba a escapar en vano. Pero hasta donde iba a llegar el viejo rey. Las siniestras sombras lo rodeaban para devorarlo. El rey miró al cielo pidiendo clemencia, desesperado y muerto ya, pero de miedo. No la hubo. Fue tomado, y como todos los otros de su blanco reino, arrojado fuera del tablero. 


Juan I. Gilligan, nació en 1972 en la Ciudad de Bahia Blanca , residiendo actualmente en La Plata. Ha publicado PERDIDO PARAISO ,su primer libro de cuentos, “Mención de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores”, y recientemente “El último párrafo”.   Tiene dos novelas inéditas.

 

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